| Los Hijos de Masueco |
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LOS HIJOS DE MASUECO: REFERENCIA A SU COMERCIO, INDUSTRIA Y EMPRESAS REFERENCIA SOBRE LOS NATURALES DE MASUECO Y SU INDUSTRIA Por Consuelo Hernández Estévez Fotos : José Mesonero Es el pueblo de Masueco de la Ribera el que se halla como perdido por su situación geográfica, escondido cual humilde violeta como ya he escrito más de una vez, comparación que le viene oportuna porque así son sus naturales y habitantes de él. Arrinconado y hundido en la comarca de Las Arribes del Duero, ocupa el centro de ellas y goza de unas características paisajistas únicas y de gran belleza. Asentado sobre milenarias rocas, duras y abundantes, ocupa también un lugar favorable por encontrarse bordeado por dos ríos importantes: el Duero, río principal de la península, que después de partir y dividir mansamente la meseta castellana, llega a Masueco encajonado, limado rocas que no ha podido, aun con toda la fuerza de sus aguas arrancar, por aquí, como dice una poetisa de la tierra en una de sus originales poesías “hasta el Duero se amilana, tal es su hundimiento, encajonamiento y estrechez. Este encajonamiento al paso por esta comarca, produce un cañón milenario impresionante y nada corriente en otros ríos de la península. Otro que los bordes en todo su límite triangular oeste y en una longitud de varios kilómetros, es el Uces, antes desconocido y hoy ya famoso por su impresionante y hermosa cascada, única en los ríos de la península en cuyas arribes se halla un canchal de rocas de gran altura al que llegando el río con todo su caudal despeña toda su agua por la fuerza de la corriente, se transforma en espeso y denso vapor al que los naturales pusieron en antiguas épocas “humos” y hoy generalizando los “Humos del río Uces”. Lugar bellísimo y encantador que un día, ya lejano, admiró al arqueólogo Cesar Morán y al ilustre visitante D. Miguel de Unamuno que le dedicaron bellas descripciones. Y hoy ha movido la musa de los poetas de la tierra y aun a la que estas páginas escribe, la movió a dedicarle loa en prosa que remata con esta frase: “Cascada del Uces, incomparable regalo del Creador”, porque así puede llamarse por su belleza paisajística aquel lugar de incomparable caída y sorpresa ya que al acercarse mucho a ella el visitante se hallará gratamente sorprendido cuando comprueba como las gotas de tan límpida y batida agua, caen sobre su ca beza y espalda para sorprenderle más, recibiendo así el más agradable baño de vapor de aguas limpias y naturales que no han sido contaminadas aun. Es Masueco un pueblo de respetable antigüedad y de gran tipismo: sus calles estrechas y empinadas nos hablan de sus remotos principios; sus casas añosas y bajas nos recuerdan habitantes de la edad antigua, monteros y renteros de los reyes castellanos del potente condado de Ledesma al que este pueblo perteneció; su templo parroquial y ermita nos traen a la memoria por su estilo y robustez bien lograda a base de piedra granítica, tiempos del siglo diez y seis. Su naturales son fuertes como sus arribes de condición tanto física como moralmente, así como decididos y emprendedores; incansables para el trabajo y el sufrimiento nos recuerdan a cántabros y leoneses de los que quizá desciendan y de estos últimos conservaban antes voces del antiguo dialecto leonés, rico en términos que hoy se buscan con afán para aumentar la riqueza del lenguaje y que por sus costumbres, hechos y modos de vida, alguien llegado allí dijo más de una vez que “parecían de otra raza que la nuestra” y esta era solo procedente de comarcas limítrofes a esta. Así, dijo también el Padre Cesar Morán cuando la visitó que “allí los modos y costumbres perduran a pesar del tiempo y que el pasado se nos ofrece como un relicario”, por su mucha conservación y estima de los naturales de la comarca. Y en efecto, son los naturales de aquella comarca , fuertes y resistentes, amantes de su tierra y costumbres con amor y fuerza excepcionales. Alguien dijo también que eran “ como el calor de sus tierras y la fuerza de sus vinos” y efectivamente así lo parecen y lo demuestran. Los vicios antes allí no se conocían , los fumadores podían contarse escasamente, todo consecuencia de la austeridad de vida en que por las circunstancias, les era obligado vivir. Y hacían bien porque así evitaban mucho mal para ellos y sus descendientes pues sabemos las fatales consecuencias que ellos acarrean y la trascendencia que dejan. Pero no todo eran ventajas y bellezas allí porque esta comarca es de orillada situación en la provincia, fronteriza con Portugal para mayor desventaja pues las fronteras en otro tiempo fueron excesivamente cerradas, y a una distancia de la capital salmantina de cerca de cien kilómetros; por esta causa permanecía incomunicada y no tuvieron carretera alguna hasta los años veinte del pasado siglo. Otros inconvenientes más podríamos añadir: por ser afortunadamente muy alta la natalidad en ella, estaba superpoblada y las gentes, que dependían únicamente de los recursos del campo, no alcanzaban el nivel económico suficiente para vivir, y así malvivían o vivían con escasez. En los primeros años de la década de los sesenta del pasado siglo veinte, obtuve plaza para ejercer allí en Masueco mi profesión docente en una de las cinco unidades escolares que bien nutridas de niños funcionaban en el pueblo. En él ejercían y residían además otros tres funcionarios y un sacerdote que atendía las necesidades espirituales de la parroquia. Enseguida de llegar yo allí me informé de la superficie del término municipal que eran y son 2016 Hectáreas y los habitantes de él eran 1200. Imposible me pareció que pudieran vivir todos allí pues aunque solo fuera por comparación, yo procedía de otro con las mismas Hectáreas y solo 500 habitantes. Dividí las de Masueco y tocaban a 1,66 Hectáreas cada habitante, pero como esto no era así repartido, mientras unos poseían lo suficiente, otros no alcanzaban siquiera lo mínimo para vivir; solo le quedaba vivir de escasos jornales que los demás podían ofrecerle para cultivar viñas y olivares que era la mayor parte de cultivo y producción que poseían. Hoy la comarca está declarada por la Administración como terreno improductivo. ¡Qué cambios los del siglo veinte! Tenían los viticultores de Masueco sus Vilas como los más cuidados jardines, asentadas en las arribes y tierra de poco fondo, y los olivares en un monte que llegaba desde el pueblo hasta el río mostrando un precioso color verde intenso que alegraba la vista y los sentidos; y los olivares con un verde grisáceo desigual contraste pero muy productivo y de especial sabor a monte. El vino blanco como achampanado y el clarete, podían competir con los mejores vinos de mesa. El aceite de los olivos arrojaba el máximo de acidez que es de 0,7 y era rico en vitaminas A, D y K primordialmente vitamina E. El número de olivos era de cuarenta mil plantas y el de viñedo de unas seiscientas mil. La cosecha normal de un año de uva era de seiscientos mil kilogramos. A todo este “plantío”, como ellos lo llamaban, era muy favorable el clima templado y abrigado de las Arribes, pero más aun el cultivo que los productores y agricultores con especial esmero, acierto y mucho y duros trabajos, le dedicaban año tras año. También cultivaban huertas cercanas al pueblo y los productos de ellas eran tiernos, buenos de intenso color y excelente gusto Frutas especialmente exquisitas que producían eran también las cerezas, uvas de mesa, peras, manzanas y nueces. La arriería fue otros de sus trabajos en pasadas épocas. Fue este trabajo una forma de mercado o comercio ambulante y libre no intervenido oficialmente, que practicaron en incansable ir y venir los naturales y habitantes de Las Arribes. Antes, he de hacer un inciso explicativo del porqué este apartado será meramente informativo, pues que nada o muy poco he hallado en historias y libros de costumbres. Por principio diré que un importante historiador español dice que la historia no puede o debe ser exhaustiva , opinión que yo respeto pero que no comparto pues creo lo contrario: que la historia debe ser exhaustiva porque así es más amplia y por consiguiente más informativa indiscutiblemente. Y expongo esta opinión porque con interés he buscado referencias sobre la arriería y no las he hallado más que únicamente en la de Alfaguara, estas líneas y escasa alusión: “Aquellos malos caminos españoles estaban animados por su tráfico que hoy nos parecería de muy escasa densidad, pero de ningún modo faltos de viajeros que se desplazaban por los más variados caminos, desde “el arriero caballero en su mula al gran señor que se desplazaba en lujosa carroza”. Como esta alusión era insuficiente, hube de informarme hace años y verbalmente de aquellos descendientes de arrieros que narraban costumbres, sucesos y peripecias de tan costoso e incómodo comercio y que aquí relataré en parte para que al llegar al final nos expliquemos porqué y como sus descendientes fueron después industriales, comerciantes y hasta empresarios. Es impresionante recordar este comercio ambulante que por necesidad hubieron de ejercer durante cerca de dos siglos los hijos de las Arribes. Recordemos ahora asomándonos a la historia que los siglos diez y ocho y parte del diez y nueve, por la pérdida del imperio colonial español de las colonias que poseíamos y otras muchas causas desfavorables, se empobreció la economía de nuestro país de forma que se llegó a una crisis económica de las mayores conocidas hasta entonces. Las gentes malvivían por falta de recursos y de trabajo y a las familias les faltó el necesario sustento “el pan nuestro de cada día” para poner a la mesa. En esta crisis se llegó hasta hacer pan de zumaque, una planta que seca y molida produce una harina de muy baja calidad; en pueblos de Las Arribes hubo dos hornos de cocer pan de zumaque citados en el Catastro de Ensenada.
En esta necesidad surgió la arriería: consistía en intercambiar productos de unas zonas a otras y la hacían hombres que contaban con resistencia física para hacer larguísimos viajes a otras regiones y provincias; llegaban hasta Extremadura y aun hasta Cangas de Onís en Asturias los más atrevidos. Llevaban dos mulas una para montar y algún género menos pesado, y otra para cargar con frutas, aceite, vino, aceitunas, etc. Vendían al mejor precio que podían y cargaban con otros productos que en su tierra no había como herramientas, bacalao seco, telas y otros. Entonces no había vehículos ni otra forma de transportes. Los viajes eran muy penosos como puede suponerse, pues como carreteras entonces no existían, había que salvar y atravesar montañas por estrechos, difíciles y peligrosos senderos; aguantaban por los caminos las inclemencias del tiempo, tanto abrasadores calores en verano como pertinaces lluvias y vendavales, así como hielos y nieves en invierno. Estos viajes duraban a veces uno o dos meses según la suerte y circunstancias y cuando regresaban los arrieros a la puerta de sus casas, sus hijos pequeños no los conocían tal era el barbudo semblante, las ropas desgarradas y nada limpias pues dormían a veces en establos junto a sus mulas. Sacrificada vida la de estos hombres que practicaban la venta ambulante para sobrevivir. A veces estos comerciantes aprovechaban la ocasión de comprar género barato en pueblos y lugares donde había mucha producción, y cargaban con exceso sus mulas mientras ellos habían de hacer el camino andando; de esta forma se refería que regresaban a sus pueblos con los píes heridos y mal envueltos en trapos llegando así, de esta forma a sus hogares. En los pueblos de Las arribes se refiere que los arrieros ocupaban casas con anchas portadas de granito, que aún hoy se conservan algunas, para poder pasar las mulas con la carga y algún corralón con cabañales alrededor para poder resguardarse y descansar tanto animales como arrieros de paso; algunos de estos corralones tenían bien empedrado el suelo para mayor comodidad y aseo. El Catastro de Ensenada consigna los arrieros que había en cada pueblo como nota precisa para este antiguo documento que tanto informa de la vida de aquella época. Refieren las gentes también que los arrieros al encontrarse por los caminos, que entonces era muy frecuente, se saludaban aun cuando no se conocieran y cambiaban impresiones sobre su trabajo. También se ayudaban en apuros y accidentes: la mula que se espantó y tiró al suelo al arriero causándole fuerte golpe; otra que se encojó y había que descargarla o vendarla; la otra que le había ladeado la carga y no podía caminar porque le rozaba por lo que había de colocársela adecuadamente. Esto era corriente y natural pero había arrieros que pasaban de largo sin saludad ni ayudar al compañero por lo que surgió la merecida y amenazadora frase que aunque ya en desuso, aun la dicen los mayores hoy que dice: “arrieritos somos, en el camino nos encontraremos” y que se entiende bien claramente que si tú no me ayudaste en un momento de gran apuro, tampoco yo te auxiliaré. LA SIEGA No se arredraron por esto y otros inconvenientes de la vida de entonces los hijos de Masueco y para paliar su escasa economía, en el verano iban a segar a la Armuña y otras comarcas de cereal de los alrededores de capital salmantina. Lo hacían por ajuste en lugar de jornales con el fin de tardar menos y quedar tiempo para otros trabajos y regresaban al pueblo después de muchos sudores y malos ratos, de dormir en pajares y otros lugares inadecuados y nada cómodos. Se mantenían por su cuenta de forma la más austera que pueda imaginarse, garbanzos con tocino era todo su yantar, y regresaban al pueblo contentos con sólo ciento veinticinco de las antiguas pesetas cada uno después de un mes de sudores, urgentes y comprometidos trabajos que aun después de años pasados seguían refiriendo como algo de lo más duro de pasar. Después de pasados años tuve ocasión de escuchárselos. Acudían en gran mayoría las gentes del pueblo, hombres y mujeres y esa temporada el lugar se quedaba triste y vacío. Nada les venció no les desanimó durante muchos años con esta suerte. En cuantos pueblos yo conocí y residí, no hallé esta costumbre y creo que algunos no la hubieran soportado por su dureza. Fueron cambiando y mejorando las situaciones como ocurre con el devenir de los tiempos, la evolución de la vida y el obligado progreso. Y así, los trabajos de la siega a brazo y la arriería, terminaron; la primera por mecanización del campo y la segunda, a arriería, cuando ya en cada pueblo a principios del siglo veinte o antes, según comarcas y regiones, se establecieron tiendas llamadas comercios en cada pueblo que vendían de todo. Y transportes mecánicos que surtían estos comercios. Pero, como el que es trabajador de condición, nunca deja el trabajo, pues así ocurrió aquí con los hijos de este pueblo de Masueco que cambiaron los trabajos con los tiempos y a la vez siguieron su costumbre y hábito de trabajar. Porque restos de la arriería que queda expuesta y relatada, conocí aún en Masueco en los años sesenta del pasado siglo, pues hortelanos y agricultores acudían los martes al mercado de Vitigudino a vender subproductos: aceitunas, quesos, frutas, cerezas y hortalizas especialmente cebollas y pimientos. Con buen ánimo y espíritu vividor y comercial que les caracterizaba y exigía, en pacientes y bien acostumbradas mulas, hacían el recorrido que era de unos sesenta kilómetros ida y vuelta y levaban al mercado productos que en el pueblo no se vendían pues todos más o menos cosechaban o se arreglaban sin comprar. Cuanto venimos exponiendo es sólo por hacer una referencia de circunstancias adversas y trabajos excesivos para los naturales de esta comarca y especialmente de Masueco, considerando a la vez porque es justo hacerlo, que el lugar para nacer no se elige y la familia tampoco y ello nos debe hacer pensar en el momento con reflexión y comprensivamente.
LOS TRABAJOS DEL PANTANO DE ALDEADÁVILA A mediado del siglo veinte, cambió aún más la vida de estos hombres y mujeres, por las obras de los pantanos que en la comarca se construyeron y que para ellos trajeron unas consecuencias, favorables unas y trágicas otras. Primeramente se construyó el pantano de Saucelle, obra no muy grande pero que repercutió favorable y económicamente en el municipio y habitantes del pueblo. En ella se conjugaron, como alguien ha dicho con acierto, “la sencillez con la eficacia”. A continuación en la década de losa años cincuenta, el de Aldeadávila, el que por su magnitud, capacidades, proporciones y singular embalse, así como su especial asentamiento, es considerado como el primero de España y uno de los rimeros de Europa. Ya estaba proyectado desde el año 1927 cuando la dictadura del general Primo de rivera pero no se pudo construir entonces sino veintitantos años después. Estas obras hubieron de tener, como se expone antes, sus repercusiones de varias clases como las del reculaje y anego de fincas y hermosos olivares; las líneas de torretas que atravesaron viñas y terrenos de cultivo y las indemnizaciones por estas pérdidas fueron muy escasas y no correspondientes a los perjuicios. Los ribereños hubieron de trabajar en empresa con todos los derechos de seguro y demás, en horas vigiladas y trabajos desconocidos y expuestos pues ellos sólo conocían el da la agricultura. A pesar de todo, acudieron voluntarios a trabajar en ellas pues se le ofrecía un trabajo seguro por algunos años, pero como no podían abandonar sus fincas porque en parte mantenían su casa y familia, abarcaron con ambos trabajos que le produjeron enormes sacrificios difíciles de soportar. Así, conocí acudir en mañanas invernales y lloviendo a mares, a algunos que marchaban a las cuatro de la mañana en su mulos a cultivar sus fincas y a las ocho ya estaban esperando el autocar que les llevaba a las obras donde hacían ocho horas cumplidas y vigiladas en duros, peligrosos y comprometidos trabajos pues algunos perdieron allí su vida a los que desde aquí dedicamos un recuerdo de gratitud y admiración inolvidables pues lo merecen mucho, ya que si hubieran contado don suficientes medios para vivir no hubieran acudido a un trabajo de esta clase. La misma escena que se menciona antes presencié cuando regresaban del trabajo en tarde de mayo a las siete de la tarde y volvían al campo a trabajar regresando de noche. La potente empresa de Iberduero entonces tenía asegurada la vida de cinco obreros diarios, accidente que afortunadamente nunca ocurrió en esa cantidad, pero uno a uno, muchos dejaron allí sus vidas, otros sus miembros y varios quedaron con invalidez permanente o media invalidez. Y a segunda parte trágica era la de las viudas que estos obreros dejaban con hijos pequeños y sin recursos para criarlos ya que el seguro no pagaba suficiente pensión a estas viudas y hubieron de arreglarse heroicamente. La empresa, considerando ésta circunstancia adversa y nada justa, ayudó a los huérfanos de estos obreros para que cursaran estudios y muchos de ellos cursaron carreras con aprovechamiento quedando así resarcidos en cierto modo de tan gran perjuicio.
LA EMIGRACIÓN AL EXTRANJERO En los años sesenta del pasado siglo veinte, algunos de los hombres y mujeres de Masueco, repiten el caso de los antiguos arrieros, ero ahora va a ser de otra forma pues sus esposas e hijos han de quedar aquí en España. Surge la emigración de obreros que cruzando el Pirineo marchan a Europa donde hallarán trabajo más remunerado que aquí, pero trabajo duro y corporal en fábricas e industrias principalmente y también en el campo. Acuden con preferencia a los países industrializados y más necesitados de mano de obra como Alemania, Francia, Suiza y Países bajos. Duros fueron para ellos aquellos trabajos y aquellos años y también para sus familias que hubieron de dejar aquí, pero buenos trabajadores y honestos además de económicos, regresaron otra vez al pueblo con ventaja de haber adquirido para vivienda, coche y otras necesidades que también aquí se iban imponiendo por los planes de desarrollo y el progreso industrial que imponía al mismo tiempo un nivel de vida más alto. Muchos de Masueco acudieron a esta emigración.
EL DESARROLLO INTELECTUAL También en la misma década de los años sesenta, se operó un favorable cambio en Masueco. En el pueblo no había ningún estudiante cursando estudios ni siquiera de bachillerato cuando en otros de su categoría ya había muchos, pero allí, su escasa economía no les permitía estos gastos y desplazamientos. Habiendo llegado al pueblo dos nuevos funcionarios y comprobando como allí también había inteligencias entre los jóvenes y los niños, influyeron en ellos y sus padres para orientarlos y ayudarles en los primeros pasos hacia el estudio. Comenzaron así los primeros con ayudas de becas y demás y poco a poco fueron animándose viendo los resultados favorables. Surgió, que en estos años el Ministerio de educación creó los llamados Colegios Libres Adoptados para cursar el bachillerato elemental con los mínimos gastos; muchos niños y jóvenes acudieron al más cercano de Barruecopardo y pronto les alcanzó una ventaja mayor pues les pusieron un autocar que los llevaba y traía al Colegio evitando el gasto de estancia en aquel pueblo. Con esta base de estudios, cursaron después carreras: unos carreras medias, otros licenciaturas en varias ramas como Filología, Derecho, Historia, etc. No faltaron también los que cursaron farmacia que hoy regentan y otros se atrevieron con Ingeniería y otras ramas. Y hoy, varios de ellos ejercen sus profesiones en centros de enseñanza, centros hospitalarios y bancarios. Algunos de ellos se han jubilado ya después de los correspondientes años de servicio dejando favorable recuerdo por donde han pasado; otros están ahora en el ejercicio de la profesión y todos, a ejemplo de sus padres que los educaron en el amor al trabajo, la disciplina y la responsabilidad, son laboriosos y rectos en sus vidas y forman además un buen florón de intelectuales que hacen honor a su familia y a su pueblo. ------------------------------------------------------------------------------------------------ Todo este extenso y variado preámbulo y estas detalladas referencias tiene como fin último motivo principal informar y considera lo que los hijos y naturales de Masueco han conseguido con la industria, el comercio y la empresa y también con el desarrollo de su inteligencia .
EL COMERCIO Buscando orígenes al comercio en la edad Antigua de la historia, buceamos en ella y logramos hallar referencias correspondientes sobre el comercio e industria, sobre empresas y empresarios que tanto han contribuido en el siglo veinte a la economía del pueblo y del país, pues los orígenes históricos de todo, nos enseñan y descubren cosas. Y nos remontamos a los fenicios que constituyeron un pueblo de avispados e insaciables comerciantes. Procedían de Fenicia, ciudad del sur de Asia. La pobreza de su país los movió a buscar en el mar un modo de satisfacer primarias necesidades y aprovechar la madera de los montes del Líbano para construir naves con sus cedros y exportar a los países que de ella necesitaban. Vivían de los beneficios de la madera. Llegaron a España por el mar Mediterráneo en naves con un solo palo que con el tiempo mejoraron mucho. En España fundaron colonias como Gades (Cádiz), Sexi (Motril), Malaca (Málaga), Abdera (Adra), Hispalis (Sevilla). Pueblos comerciantes y más adelantados, nos enseñaron el alfabeto o principios de la escritura, acuñaron las primeras monedas de bronce pues hasta entonces el comercio de nuestras riquezas, buscando vinos, aceites, conservas de pescado, esclavos y metales, transformando Cádiz en un inmenso almacén desde el que se exportaban oro, estaño, cobre, plomo argentífero y plata. También los griegos fueron colonizadores de nuestras costas e islas como Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera, pero menos comerciantes que los fenicios, y entablándose rivalidades entre unos y otros dejaron menor recuerdo y prosperidad. Invasión posterior fueron los árabes que más fuertes económicamente, establecieron el comercio interurbano y desde comienzos del siglo noveno, aprovecharon las calzadas romanas para su desarrollo mercantil internacional. Acuñaron las primeras monedas que se conocieron aquí de oro del que traían de Sierra Leona a las que llamaron “dinares” palabra que vino a ser raíz de la de “dinero” que perdura hasta hoy como sinónimo de riqueza. A finales del siglo diez, los dinares en uso llegaron a alcanzar seis millones, una verdadera riqueza monetaria para aquella época.
COMERCIO INDUSTRIA Y EMPRESA Ya se ha hecho referencia sobre comercio, industria y empresa. Réstanos hacer algunas aclaraciones sobre todo ello y se ha de acudir a gruesos tomos de diccionarios para exponer nociones sobre estos temas. Queda expuesto que los fenicios introdujeron el comercio en España e inventaron la moneda que ellos mismos fabricaban; esta monedas eran con escasa labra, muy gruesas y sin buena redondez, condición esta que no correspondía pues como se dice vulgarmente el dinero se ha hecho redondo para que ruede y llegue a todas partes y a todas las gentes sin excepción. Fue este invento una verdadera necesidad que facilitó mucho la vida y tráfico comercial y no falta quien aún recuerda en ocasiones como la que oí una vez cuando una de ella había recibido, a lo que la otra contestó: “Señora: desde que los fenicios inventaron el dinero, las palabras y los agradecimientos sobran”. Y tenía razón en parte pues todo no se puede pagar, pero el dinero, de una forma o de otra vale casi siempre para agradecer. Vamos a ir desarrollando, aunque sea con brevedad las palabras COMERCIO, INDUSTRIA Y EMPRESA: Nos asomamos para ello al diccionario pero el primero, el COMERCIO, tiene una larga y extensa referencia que no cabe ni corresponde en estas páginas por lo que lo resumiremos al máximo: COMERCIO: Acción de comerciar, tráfico, negociación que se hace comprando, vendiendo y permutando cosas. Hay varias clases de comercio: comercio de tránsito, comercio directo, comercio por partidas, comercio triangular o exterior. El centro del comercio fenicio se hallaba en Tiro, capital de Fenicia al sur de Asia. Ha sido el comercio practicado desde la antigüedad por lo necesario de él y los servicios que presta. En los tiempos modernos todos los pueblos del mundo civilizado conceden al comercio terrestre y marítimo la importancia que merece ocupando el la economía Política de cada país el lugar más destacado. Sin embargo esta palabra de comercio y sobre todo la de comerciante, han caído en desuso a causa de que en pasadas épocas perteneció a pequeñas tiendas y un solo comerciante que las regentaba y solía ser el dueño de ellas; era un comercio como particular y privado. Hoy las tiendas son grandes almacenes donde se ve de todo y los pequeños comercios, casi desaparecidos, han quedado para las zonas rurales casi en exclusiva. El comercio y el comerciante en general han pasado a denominarse industria e industrial, por costumbre más que por otro motivo. INDUSTRIA. Esta palabra según el diccionario, tiene varias acepciones: Maña, destreza, hábito. Conjunto de operaciones necesarias para obtener y transformar los productos naturales o primeras materias. Conjunto de industrias de un género país o región. Industria limitada o perfecta, la que tiene un superávit de producción que se dedica a exportación, al mismo tiempo que abastece con holgura y en buenas condiciones el precio del mercado interior. Industria limitada o imperfecta, la de corta potencialidad que no tiene capacidad suficiente para cubrir las necesidades del comercio interior y que si exporta sus productos es a costa del mercado nacional, estando limitada de cantidad por el consumo interior. INDUSTRIAL. Perteneciente o relativo a la industria. Persona que genera, proyecta o trabaja en la propia industria. EMPRESA. Sociedad, compañía mercantil o industrial que pone en ejercicio grandes proyectos. EMPRESARIO. Persona que tiene parte en una empresa o la dirige. EMPORIO. Lugar de gran concurrencia comercial, mercado universal. Esta palabra, en sus antiguos orígenes de EMPORION, es la raíz del nombre de la ciudad de AMPURIAS (Gerona) por ser esta colonia griega una de las más importantes colonias generadoras de industria en su tiempo. ECONOMÍA. Buena administración de los bienes, buena administración del tiempo y de otras cosas. Ahorro de tiempo, de dinero, de trabajo. Hay muchas clases de economía: dirigida, intervenida, nacional, doméstica o privada, rural, etc.
REFERENCIA ESPECIAL A LOS HIJOS DE MASUECO: SUS ECONOMIAS, SUS INDUSTRIAS, CREACIÓN DE EMPRESAS EN TODA ESPAÑA Antes de comenzar este apartado, último de la referencia y necesario para el tema que se trata, nos detenemos en unas observaciones y consideraciones de tipo psicológico sobre el carácter y costumbres de los ribereños en especial de los naturales de Masueco. En primer lugar recordaremos que son las gentes de esta tierra y lugar, como ya se ha expuesto antes y es opinión general, trabajadores y laboriosos al máximo, sin perder minuto de tiempo y siempre este su tiempo bien aprovechado en especial para progresar económicamente. Voluntariosos y excepcionalmente duros para los trabajos más fuertes y a veces peligrosos y expuestos, no escatiman ni reparan en esfuerzos, exponiendo a veces su salud, su comodidad y bienestar. En cuanto a sentimientos familiares, son quizá aparentemente fríos y parcos en palabras, pero muy responsables y cuidadosos de su familia, de sus mayores y ascendientes a los que atienden cuidadosamente sin palabras ni alardes que sobran en estos casos y como ellos dicen son “un pierde tiempo”, ellos el tiempo lo ahorran y administran muy bien. No por ello carecen de sentido humanitario pues en cuanto suceden entierros, accidentes o desgracias en el pueblo, acuden en masa, con rapidez y sin reservas y ayudan y acompañan de corazón a quien en el momento lo necesita. De costumbre muy antigua son muy respetuosos con sus difuntos y les ofrecen muchos sufragios, y antes, rigurosos y largos lutos. En cuanto a sus hijos niños, los hacen responsables y trabajadores a su tiempo para que de mayores sean útiles y decididos. Esto comprobé que era un gran acierto educativo, un acierto insuperable pues el trabajo es la mejor disciplina para la educación y la mejor forma de prepararlos para asistir y aprovechar en la enseñanza y convivir en los centros de ella. No son juerguistas indebidamente, ni viciosos como ya se ha dicho pero se alegran en sus fiestas y las viven con mucho entusiasmo sobre todo las patronales que son especialmente consideradas como costumbristas y deben ser respetadas con prioridad y vividas con alegría; guardan un respeto para sus fiestas como todo pueblo debe hacer. Y hechos estos favorables comentarios que ellos merecen y a mí me obliga reconocer por los años que allí estuve y que creo lo hago sin apasionarme ni buscando aplausos y otras expresiones que, para nada valen a veces, seguimos añadiendo algo sobre sus laboriosas costumbres siempre bien atendidas. SOBRE LOS ORIGENES DE LOS ANTIGUOS OFICIOS Buscando orígenes que tanto nos aclaran del pasado y tanto nos informan para el presente pienso que, el llegar a ser los hijos de Masueco tan aficionados, útiles y prósperos en la industria, el comercio y la empresa, puede tener sus orígenes en épocas tan remotas como la edad Media en que florecieron y se multiplicaron los oficios por la necesidad de ellos y también por los hombres que los ejercieron para vivir y mejorar las necesidades de la época. Quizá vengan o tengan su origen en el siglo catorce en que el rey Pedro I de Castilla también llamado el Cruel o el Justiciero, creó un “ORDENAMIENTO DE MENESTRALES” para legislar y ordenar los oficios. Pudiera ser porque Masueco tiene orígenes muy antiguos y también costumbres y han conservado muchas de ellas. Muchos oficios manuales se ejercieron allí y muchos se conservaron hasta los años cincuenta del pasado siglo cuando ya pocos oficios quedaban en las zonas rurales absorbidos todos por la industria más moderna y rápida. En los antiguos Gremios de la Edad Media se estipulaba la clasificación de aprendiz, oficial y maestro; el título de maestro se convertía en el primer trabajador y a un mismo tiempo, empresario. En 1831 se acabaron los gremios pero restos de ellos y sus costumbres quedaron en muchos pueblos y la importancia social de las agrupaciones gremiales o de oficios ha sido, según la historia, la organización más completa que ha alcanzado la industria en su desarrollo más completo. Repetimos: pudieran ser los oficios los orígenes de la industria e industriales de Masueco, porque en otros pueblos que conocí y conozco, no hallé tanto oficio ni desarrollo de ellos. Desde hace años me atraía el pueblo de Masueco y sus gentes tan peculiares, por lo que dediqué tiempo y trabajos a estudiarlo, observarlo e investigarlo sacando certeras conclusiones sobres su pasado y esta puede ser una: Los oficios en su expansión, dedicación y necesidad local pueden haber sido el antecedente de la especial habilidad y capacidad , así como la afición de los hijos del pueblo a la industria y el comercio que con tanto acierto y éxito practican y por ello prosperan económica y socialmente. Estos eran entre otros los oficios manuales de los hombres y mujeres de Masueco, sintiendo no poder recordar todos pero si los más importantes y algunos muy curiosos, hoy ya casi todos desaparecidos: Albañil, albardero, asnalero, chanquero, botero, carnicero, carpintero, cestero, comerciante, cubero, esquilador, herrero, lagarero, medidor de vino, molinero, tejedor de lienzos y mantas, panadero, sillero, tamborilero, tejero, tonelero, urdidora, y zapatero. Para aquellas generaciones jóvenes que no conocieron algunos de estos oficios y por tanto no saben sus nombres, aclaramos algunos términos. ASNALERO. Que hacía asnales que eran una especie de grandes aguaderas de mimbre para llenarlas de uva y trasportarlas en caballerías de las viñas al pueblo y bodega. CUBERO. Que hacía las cubas para contener el vino. TONELERO. Que hacía los toneles para contener el vino. BOTERO. Hacía botas y pellejos de piel de cabra para transportar vino y aceite. URDIDORA. Que preparaba la urdimbre para tejer lienzos en antiguos telares de madera. BATANERO. Que trabajaba en batán, sencillo artefacto de palas que movido por la fuerza del agua tenía por objeto desengrasar y enfurtir gruesos paños y mantas que se tejían en antiguos telares. Después, con unos martillos las doblaban fuertemente en dobleces que no se deshacían nunca o en muchos años. LAGARERO. Que trabajaba en la molienda de la aceituna y en antiguos lagares para producir aceite. CHANQUERO. Que hacía de madera pisos para las chancas, calzado muy tosco y pesado pero fuerte y seguro para pisar barros y piedras. ALBARDERO. Que hacía las albardas para los animales de carga y montar, mulos y asnos con preferencia. ESQUILADOR. Que esquilaba a los animales, asnos, mulos y ovejas cortándoles el pelo que les sobraba y daba calor en verano. TEJERO. Que hacía tejas de barro rojo para cubrir tejados de casas y edificios. CESTERO. Que hacía cestos y cestas de mimbre y otros contenedores para recoger y contener frutas. Verdaderamente los naturales de este pueblo tenían vocación industrial y aptitudes para ella. Y entre los oficios les era necesario los que trabajaban en ellos y los que hacían herramientas o contenedores para recoger las cosechas. Aquí se cosechaban varios frutos y cosechas y eran necesarios los oficios y sus trabajos correspondientes. Y que se estimulaban por aquel refrán que allí aprendí y no hallo en ninguna parte y sabiamente enseñaba una confirmadora experiencia: “A casa del industrial, llega el hambre pero no la deja entrar”, y así es efectivamente porque el hombre trabajador y constante, mantiene siempre su casa y familia con suficiencia y debidamente para que no falte a diario lo que se necesita para primordiales y necesarios alimentos. Allí, además la palabra industrial es sinónimo de hombre muy trabajador y así la aplican en algunos casos. Los hombres y mujeres de estas tierras tan poco productivas o solo a base de trabajos hercúleos que no todos pueden resistir, podían haber derivado hacia peores vidas, al vicio o la limosna que disculpan acaso por aquello de que “cuando el hambre entra por la puerta, la virtud sale por la ventana”, pero no lo hicieron se abrazaron a la tierra y la amaron, aunque no la habían elegido, trabajaron duro para cultivarla y sacarle escasa producción, viviendo conformes y alegres así. Muchas vidas meritorias podrían relatarse que conocí entre ellos pero no caben en éstas páginas porque ocuparían un grueso tomo, pero entre todas las que conocí en los primeros tiempos de vivir entre ellos, una me llamó especialmente la atención y no me resisto a dejar aquí su referencia pues merece la pena; es la de EL SEÑOR JUAN EL COMERCIANTE. Conocí bien al señor Juan el comerciante cuyo sobrenombre le venía del trabajo que durante toda su vida había realizado y esto le distinguía por único y otros Juanes que en el pueblo había. Era este hombre de más de noventa años que conservaba envidiable salud y mente sana y lúcida; era robusto, de rostro vivamente sonrosado con profundas pero escasas arrugas. Había nacido en el siglo diez y nueve y en el había cumplido más de treinta años; su ocupación había sido la de comerciante por eso se le llamaba así ya que también era el único comerciante del pueblo. Ahora ya vivía retirado caminando por el siglo veinte con una admirable carga de experiencias y vivencias del pasado y también de sentido humanitario y afición industrial. Llenaba su rostro y agrandaba sus ojos hablaba de estas cosas y transmitía estos sentimientos al referir que… ¡¡había criado doce hijos!! Y además estos doce hijos regentaban… ¡¡doce comercios!! de su propiedad, uno cada uno desde Zaragoza a Salamanca y otros puntos. Y si esto, tan sensacional se ponía en duda, él comenzaba con buena memoria a relatar donde estaban todos. La satisfacción con que lo decía contagiaba y admiraba a cualquiera y a mí misma me la transmitía pues en mis anteriores andanzas por pueblos y otros lugares no había conocido otro caso igual ni parecido siquiera. Verdaderamente admirable me pareció y siempre me ha parecido aquella vida tan meritoria y dedicada tan solo a trabajar, criar hijos y multiplicar comercios; y para su bien, el bien del pueblo y la riqueza de la industria. Hoy, a mis muchos años, y después de conocer cientos de personas no he hallado otro caso igual ya que puede considerarse como un emporio familiar e industrial. Y siempre pienso que, ante aquel hombre habría que descubrirse, por su constancia y trabajos, por su vida superempleada y por su contribución como queda dicho en varios aspectos, a la prosperidad y riqueza del país. Y añadimos que sus hijos fueron catorce, pero dos fallecieron de pequeños. Varias familias del pueblo eran numerosas y contaban con diez, once y doce hijos, dato admirable, de gran vitalidad como eran aquellas gentes que transmitían en herencia. COMERCIANTES, INDUSTRIALES Y EMPRESARIOS DE MASUECO Todas las referencias y explicaciones anteriores sobre la dura y austera vida de los naturales de Masueco, ha sido con la intención de considerar su capacidad excepcional para el trabajo, así como su resistencia física y moral para los trabajos duros. Tienen además algunas aptitudes especiales para emprender negocios por su viveza para ello y además porque son entregados, constantes, útiles, desenvueltos y con visión de futuro comercial. Esto lo han demostrado siempre: trabajan con ahínco, con fuerza, con maña, con habilidad y con visión certera y así, no conocen ruina ni desastre porque la preveen antes con estas condiciones y así, siempre prosperan. Todo el siglo veinte ha sido para ellos o han conseguido prosperidad con trabajos y esfuerzos, riesgo y exposición, pero especialmente ha sido la segunda parte de él cuando más industria y negocios han creado. Causa admiración hoy que se pueden contar ¡¡más de ciento veinte!! Entre comerciales, industriales y empresarios naturales de Masueco y esto en un pueblo de mil doscientos habitantes en mitad del siglo veinte y de quinientos al final de él. Esto se puede considerar como un verdadero emporio de industria e industriales, un florón de ellos que han conseguido, no solo salir de la austeridad en que vivían y les esperaba, sino prosperar mucho y bien económica y socialmente. Todos, me consta, han comenzado y partido de cero, no han recibido ayudas estatales de ninguna clase y todos han ido día a día, año tras año ampliando sus negocios lo más posible y de la mejor forma. He aquí un pueblo que con trabajo, constancia y entrega, sabe cambiar de trabajos, lucha y se esmera en progresar sin necesitar ayudas. No conozco otro pueblo de estos habitantes y esta categoría que haya creado tan asombrosa y favorable cantidad de industria e industriales. Y todos pasando, sin preparación alguna, de agricultores a industriales y empresarios, y todos por su cuenta y férrea voluntad. Conozco a la gran mayoría de estos industriales hoy; a unos los conocí de niños escolares en mi clase, ya de párvulos, ya de mayores pues impartí varios cursos allí en la Agrupación Escolar de aquellos ya pasado años, y alguno fue a despedirse de mí, de la mano de su madre pues se marchaba del pueblo con ella y su numerosa familia; hoy, él y sus hermanos poseen y regentan varios bares y cafeterías en Salamanca ciudad. A otros los conocí casarse allí en el pueblo y después marchar fuera a trabajar. Conozco bien a uno que pasados años me comentaba empezó con dinero prestado para adquirir dos hormigoneras para alquilar en obras; hoy es dueño de una empresa de máquinas de alquiler par la construcción y posee una nave con más de cien máquinas, algunos vehículos para el transporte de ellas y varios empleados. Otro marchó a San Sebastián hace muchos años con solo su oficio de peluquero que después mejoró y puso al día, hoy es dueño de varias peluquerías en la ciudad que mencionamos. Otro al que conocí de niño y casarse, comenzó su trabajo con un vehículo de alquiler, falleció hace poco tiempo y a sus cincuenta y tantos años, dejó una empresa en el pueblo con doce nuevos y modernos autocares para viajes y excursiones. Dos de mis antiguos alumnos, hermanos, son dueños en Vitigudino de un Supermercado y un bar que regentan. En fin, sería muy extenso y ocuparía, como se dice antes un grueso tomo, dejar referencia de todos aquí pues pasan de cien, por lo que solo vamos a dejar constancia de las principales industrias creadas: Empresas para la construcción, algunas de ellas con diez empleados, (estos eran albañiles en el pueblo cuando yo les conocí), industria y comercio de varias clases y en varias ciudades y pueblos, hostelería con algunos hoteles, restaurantes y muchos bares; industria de muebles con fábricas de ellos y con varias tiendas en Vitigudino, Ciudad Rodrigo, etc. Lástima que toda esta industria no haya sido poder crearla en el pueblo, pero parte de ella , sí. Pues en Masueco hay hoy un hotel de primera, una gasolinera, dos casas rurales, un restaurante, tienda, bares y transporte. Los puntos donde los naturales de Masueco han creado industria, son tantos y tan distantes que no puedo recordar, solo mencionar algunos como en Madrid, Salamanca , San Sebastián, Valladolid, Masueco y otros muchos que no recuerdo o no tengo noticia , pues los industriales y empresarios, como queda dicho son mas de cien. En resumen: Masueco es un pueblo hoy al día y transformado, que no malmuere como otros muchos, sino que está transformado, pues de un pueblo y gentes dedicadas exclusivamente a la agricultura, han pasado por sus solo medios, al riesgo , la constancia y entrega de sus hijos, sin ayudas de gobierno ni otra alguna, a ser un pueblo de industriales e intelectuales, un pueblo además turístico que se vale por sus propios medios. ¡¡ Brille su ejemplo por las Arribes del Duero y por toda España!! Masueco, abril 2009
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